-Que asco ¿Qué chingados es eso?
-Mota, pinche Pablo estúpido.
-¿Y el pan qué?
-Ay pendejo, mira, agarras la mota, con mantequilla y la calientas hasta que se quede bien verde y luego se la echas un pan o a la verga de tu papá o lo que sea que te vayas a comer.
Me mira dudoso.
-We, vamos a estar bien viajados en clase, seguro se dan cuenta.
-No seas dejabajo pinche puto, ya cómetelo... Al cabo que la vida es corta.
-No mames, me van a castrar si se enteran en mi casa.
-Ya a la chingada.
Parto el pan en dos y nos comemos una mitad cada uno. A mi también me van a castrar si se enteran en mi casa. Y más cabrón, y yo ya sé que se me sube bien machín la ganya. Pero me vale madres.
-Vamos por algo de comer.
-Vamos.
Clase de matemáticas.
Clase de literatura, que pinche calor, que pinche hueva la profa que sólo nos dicta.
Clase de química. Peso atómico, masa molecular, sumas los pesos y lo divides entre los gramos. Carbonato de sodio, NaCO, agua, H2O, NaCO, Naco. Me empiezo a reir como imbécil, Naco.
Todos están callados en el salón, ya me callé. Volteo a ver a mi libreta y trato de no reirme. Sonrío tantito. Apoyo mi cabeza contra el pupitre. A huevo, estoy moto en clase, eso es tener huevos. A huevo, tener huevos, muchos huevos, suena mal. Rimbombante ¿Era cacofónico la palabra? Sí, cuando repites muchas cosas y suena mal... Cacofónico. Cacofónica la palabra. La que sí está bien cacofónica es la Paola, yo si le sacudía la cabeza entre sus melones. La dejaría bien babeada... Me pregunto si a las mujeres les gusta que les sacudan la cabeza en sus bubis. Me imagino que no. Creo que me hablan. Pedro. Pedro. ¡Pedro! Chinga, levanto la cabeza del pupitre y me limpio la baba, veo al profe a los ojos, acá todo serio. Acá todo serio. Acá todo serio. Porrumpo en carcajadas (¿es porrompo?) Atrás de mí, tambíen el pendejo de Pablo se caga de risa, luego se calla.
El profe me ve raro. Se sale del salón. Todo está callado. Volteo a ver a Pablo que está bien serio, acá todo serio. Me le quedo viendo, acá todo serio. Luego levanta la cara y cierra los ojos todo dramático y se votea con su novia en el pupitre de atrás. Yo me empiezo a cagar de la risa de su pinche jetota. “No mames” lo oigo decir. Como que tengo hambre.
El profe regresa al salón pero viene con el director. El pinche director cubano de dos metros cubanos, de alto. Osea como tres metros normales. Nomás veo su calvota que se para enfrente del salón y dice con su vozarrón(/...nubarrón/ ...algodón/ ...alga /
...algo/ ...haga algo imbécil (con voz de jefe abusibo)) dice con su vozarrón y su acento cubano “Pedro, venga conmigo” Está bien emputado. Me paro y lo sigo, que malviaje ya me puse ansioso. Me sienta en su escritorio, yo acá todo serio, disimulando, tratando de no sonreír.
-A ver Tellez, ¿Cuál e hu problema?
-Nada estoy bien
Me mira despacio. Me siento mal de la panza y tengo habmre. Se me deben de ver bien rojos los ojos porque como que acerca su calva cabezota para ver bien.
-Voy a hablarle a sus papás
Chinga, no mames, ora sí qué culera sensación. Ya no quiero estar así, no mames, que ansiedad. Se siente bien culero, como si estuvieras en un corredor y cuando llegas al final hay una puerta y sabes que todo es real, y luego abres la puerta y vuelves a entrar en el mismo pinche corredor. Y ya te quieres salir, vas a la puerta de la realidad y es otro pinche corredor. Como un columpio del que no te puedes bajar.
Me quedo sentado en la dirección, sintiéndome como la chingada hasta que llega mi papá, acá todo serio. Me agarra de la mano y me lleva al coche. Arrancamos. Que ansiedad, que pinche ansiedad culera.
-¿Cuál es tu problema?
No contesto.
-¿Cuál es tu problema, Pedro?
Está enojadísimo. Está sorprendido, está decepcionado. “Tantas muertes que causan los narcos y hay gente que sigue consumiendo droga, les sigue dando dinero” y yo lo he visto a los ojos y he estado de acuerdo. “Hay que predicar con el ejemplo.” Es un buen tipo, mi papá. Quizás el mejor que conozco. Se me anuda la garganta. Con todo y todo, alcanzo a pensar que qué repetido está eso del nudo en la garganta. Es una de esas metáforas (¿Alegoría? ¿Símbolo, Imagen?) que encuentras siempre en los libros, sobre todo en los malos.
-¿Cuál es tu problema?
No se si es la tercera vez que lo pregunta o si estoy repitiendo la segunda, pero le doy mi razón.
-Lo hice porque sí, para ver qué se sentía. Para vivir la vida.
No se si me entendió, pero no dijo más en todo el camino.
sábado, 29 de enero de 2011
martes, 25 de enero de 2011
Verde
Desgarradora. Roja como el amanecer,
pálida
hermosa criatura de marfil.
Sueño aventurero,
de fuego y arena,
rostro ardiente, rostro que arde,
que se derrite,
que aúlla, que se debate,
rostro calcinado, rostro inmaculado.
pálida
hermosa criatura de marfil.
Sueño aventurero,
de fuego y arena,
rostro ardiente, rostro que arde,
que se derrite,
que aúlla, que se debate,
rostro calcinado, rostro inmaculado.
domingo, 2 de enero de 2011
No se por que, no se como, solo lo se. Es un momento en el que caes a la realidad de mil y un cosas todas en un mismo momento, te cae el veinte, se te deshace el teatrito, el mundo se te derrumba o simplemente la soledad se escapa.
Sera mi adolescencia tal vez o quizas nada mas el simple hecho del que uno busca aceptación en mas de un lado, en el que uno busca y busca algo que simplemente espera encontrar y en su mente lo genera pero no existe.
Mi razonamiento se ve nublado por este sentimiento extraño acompañado de adolescencia llamemosle estupidez tal vez, o mejor aún lo llamaremos "freaky animal".
Mis ojos algo irritados de tanto caminar entre el polvo, mis manos temblorosas deseosas de un cigarro y mis labios entre abiertos algo secos y algo mal usados... son pequeños sintomas de este estado de animo, ansias por doquier, movimientos intestinales continuos, mirada profunda y pensamientos absurdos.
Necesidad de compañia tal vez... no se por que, no se como... solo lo se... Se que estoy sola.
miércoles, 29 de diciembre de 2010
sin título
Despierto, traído de no sé qué vacío, repentinamente arrancado de mi plácido retozo en lo que se podría llamar una infinita sopa extrafísica, donde las almas se entrecruzan en obscuras y viscosas interacciones, para de pronto hallarme en el universo conocido. La sensación de materialidad es inconfundible, he sido escogido para dar vida a algo.
Probablemente me encuentro en estado embriónico, mi alrededor es obscuro y compacto. Por lo que mi escasa consciencia me va diciendo mientras tanteo mi figura mentalmente, soy víctima de una gordura inmensa. Repaso en mi mente mis conocimientos de anatomía, tratando de descifrar en qué clase de criatura fui a parar, pero no logro acordarme de ningún feto que sea gordo. Un terrible temor me asalta: ¿Y si soy una deformidad? Algún fallo genético pudo haberme condenado a una existencia de penurias y burlas de parte de mis semejantes. O peor aún, que tal si he venido a ser un pollo modificado genéticamente, diseñado artificialmente para ser todo carne y esperar, sostenido en unas patéticas patuchas, la hora en que se me sacrifique...
Mis pensamientos se ven interrumpidos por una sacudida. Silencio. De pronto, siento un escalofrío que me recorre por arriba, algo se desliza por mi lomo, la luz del día penetra, cegándome. Una mano gigantesca acaba de quitar el pedazo de tela que me cubría y mi alrededor se esclarece: me encuentro en una canasta, rodeado de frutas. Me veo en el reflejo de una ventana cercana. Soy un jitomate. Soy un rojo, jugoso jitomate. He esperado entre los siglos de los siglos para venir convertido en esto. No puedo alcanzar a comprender qué clase de macabra broma es esta. Ya se rumoreaba que el todopoderoso comenzaba a mostrar síntomas de envejecimiento, demencia senil, que se reía de lo lindo payaseando con los ángeles, pero darle vida a un jitomate no es gracioso, es más bien grotesco.
Probablemente me encuentro en estado embriónico, mi alrededor es obscuro y compacto. Por lo que mi escasa consciencia me va diciendo mientras tanteo mi figura mentalmente, soy víctima de una gordura inmensa. Repaso en mi mente mis conocimientos de anatomía, tratando de descifrar en qué clase de criatura fui a parar, pero no logro acordarme de ningún feto que sea gordo. Un terrible temor me asalta: ¿Y si soy una deformidad? Algún fallo genético pudo haberme condenado a una existencia de penurias y burlas de parte de mis semejantes. O peor aún, que tal si he venido a ser un pollo modificado genéticamente, diseñado artificialmente para ser todo carne y esperar, sostenido en unas patéticas patuchas, la hora en que se me sacrifique...
Mis pensamientos se ven interrumpidos por una sacudida. Silencio. De pronto, siento un escalofrío que me recorre por arriba, algo se desliza por mi lomo, la luz del día penetra, cegándome. Una mano gigantesca acaba de quitar el pedazo de tela que me cubría y mi alrededor se esclarece: me encuentro en una canasta, rodeado de frutas. Me veo en el reflejo de una ventana cercana. Soy un jitomate. Soy un rojo, jugoso jitomate. He esperado entre los siglos de los siglos para venir convertido en esto. No puedo alcanzar a comprender qué clase de macabra broma es esta. Ya se rumoreaba que el todopoderoso comenzaba a mostrar síntomas de envejecimiento, demencia senil, que se reía de lo lindo payaseando con los ángeles, pero darle vida a un jitomate no es gracioso, es más bien grotesco.
viernes, 26 de noviembre de 2010
Tristeza de una tristeza
Estoy triste. Estoy tan triste que quiero escribir cien veces la palabra triste, como él, el lector, el escritor, el cuentista cuya voz, que repetía la palabra triste monótona, inflexiblemente aún me taladra el cerebro.
Triste, triste. Su tristeza se desdibuja, se repite y se amplifica, repetida tantas veces que la palabra tristeza pierde su significado y se vuelve más triste que la tristeza misma. Triteza. Triste. La más triste de las tristezas. La más triste de todas las tristes tristezas tristes. Y mientras lee, la gente se impacienta alrededor de mí, pero yo no lo noto, estoy como hipnotizado por esa tristeza tan mía. Tristeza que se repite. Y se repite. Y se repite. Tristeza. Deja de sonar a triste, suena como traste, como una repetición de sílabas que me perforan, como una gota que no deja de caer, golpea mi triste cabeza. Mi triste cerebro, mi triste vida, mi triste existencia.
Y esque está triste. De entre todas las palabras, todas las metáforas, todas las canciones desesperadas, los buzos ciegos, las insoportables melancolías él, el que lee, está triste. Sólo eso, triste. Tan triste que sólo atina a repetir la palabra triste, absurda y vacía, triste, en el poema más triste que jamás oí.
Todavía escucho su voz, que no se cansa de estar triste en mi cabeza, que no se cansa de repetir una y otra vez mi propia tristeza.
Me penetra, esa voz, esa tristeza, me penetra.
Me penetra.
Me penetra.
Me penetra.
Me penetra.
Triste, triste. Su tristeza se desdibuja, se repite y se amplifica, repetida tantas veces que la palabra tristeza pierde su significado y se vuelve más triste que la tristeza misma. Triteza. Triste. La más triste de las tristezas. La más triste de todas las tristes tristezas tristes. Y mientras lee, la gente se impacienta alrededor de mí, pero yo no lo noto, estoy como hipnotizado por esa tristeza tan mía. Tristeza que se repite. Y se repite. Y se repite. Tristeza. Deja de sonar a triste, suena como traste, como una repetición de sílabas que me perforan, como una gota que no deja de caer, golpea mi triste cabeza. Mi triste cerebro, mi triste vida, mi triste existencia.
Y esque está triste. De entre todas las palabras, todas las metáforas, todas las canciones desesperadas, los buzos ciegos, las insoportables melancolías él, el que lee, está triste. Sólo eso, triste. Tan triste que sólo atina a repetir la palabra triste, absurda y vacía, triste, en el poema más triste que jamás oí.
Todavía escucho su voz, que no se cansa de estar triste en mi cabeza, que no se cansa de repetir una y otra vez mi propia tristeza.
Me penetra, esa voz, esa tristeza, me penetra.
Me penetra.
Me penetra.
Me penetra.
Me penetra.
miércoles, 10 de noviembre de 2010
Otra crónica de una crisis existencial
Derrepente, me fuí cayendo, tropezando en un mar de piedras que resbalaban bajo mis pies, rodando y chocando entre el polvo rojo, y finalmente quedé aquí, en lo obscuro.
Ahora soy un feto. Estoy desnudo, flotando en un caldo tibio. Abro los ojos grandes, con inocente curiosidad de feto, pero el mundo me responde con tinieblas.
Todo lo que alguna vez creí ver, todo lo que era tan sólido, todo el pasto, toda la luz, los pájaros y el mar los dejé atrás, arriba, lejos. Lo único que se ve sobre mí es una luz tan muerta que duele en los ojos.
Se me escapa una lágrima, chiquita, como extrañando la luz, pero pronto se seca en mi mejilla y muere. No es tristeza de lo que estoy hecho aqui abajo, es más bien soledad y asombro, desconcierto. Y miedo.
No es la primera vez que bajo a este mi sótano, cada vez este es un lugar distinto, porque yo nunca soy el mismo.
Me siento, y pienso.
No quiero levantarme, no aún, pues todavía no he encontrado lo que vine a buscar, eso que se me cayó y que venía siguiendo cuando tropezaba entre el polvo.
El viejo yo, eso se me cayó. Ya nunca lo voy a encontrar, no está, se ha ido, me he ido. Y ahora, ahora a hilar, con el pensamiento uno nuevo, a construirme otra vez. Ahora es turno de mi alegría levantar lo que la melancolía tiró, de nuevo, a volver a empezar.
Ahora soy un feto. Estoy desnudo, flotando en un caldo tibio. Abro los ojos grandes, con inocente curiosidad de feto, pero el mundo me responde con tinieblas.
Todo lo que alguna vez creí ver, todo lo que era tan sólido, todo el pasto, toda la luz, los pájaros y el mar los dejé atrás, arriba, lejos. Lo único que se ve sobre mí es una luz tan muerta que duele en los ojos.
Se me escapa una lágrima, chiquita, como extrañando la luz, pero pronto se seca en mi mejilla y muere. No es tristeza de lo que estoy hecho aqui abajo, es más bien soledad y asombro, desconcierto. Y miedo.
No es la primera vez que bajo a este mi sótano, cada vez este es un lugar distinto, porque yo nunca soy el mismo.
Me siento, y pienso.
No quiero levantarme, no aún, pues todavía no he encontrado lo que vine a buscar, eso que se me cayó y que venía siguiendo cuando tropezaba entre el polvo.
El viejo yo, eso se me cayó. Ya nunca lo voy a encontrar, no está, se ha ido, me he ido. Y ahora, ahora a hilar, con el pensamiento uno nuevo, a construirme otra vez. Ahora es turno de mi alegría levantar lo que la melancolía tiró, de nuevo, a volver a empezar.
domingo, 3 de octubre de 2010
Un poema para Nathalie
Podría...
podría escribir sobre tu belleza,
podría y no quiero.
Podría también,
decirte que eres dulce,
tierna, linda,
y otras palabras que me resbalan en los labios.
Podría, pero no voy a hacerlo.
Busco algo más sutil,
busco por toda explicación,
una escencia,
un olor, una imagen
un camino.
Como el sol reflejado en el agua,
una noche clara,
unos ojos oscuros y fugaces,
una caricia.
Busco una palabra
que se me atore en la garganta,
como un suspiro,
este dolor, este abismo,
estos ojos oscuros y fugaces.
Hoy no te voy a decir,
no te voy a decir,
Nathie te quiero.
Decir es poco. Nada.
Algo.
Mucho. Todo.
Y luego me quedo,
sentado pensativo.
Casi melancólico,
y digo,
digo, que la vida es un sueño.
Y qué si gritara,
si gritara que te quiero?
Y si lo susurrara?
Cómo te lo digo al oído?
Hoy no busco un poema con sentido ni forma.
¿Qué tal una nube?
Una flor, una luna, cien estrellas.
Cinco palabras, doce versos,
siete días, tres siglos,
un mundo,
este poema, no tiene sentido ni forma.
este poema, triste y herido,
te mira desde el suelo.
¿Y qué si gritara que te quiero?
Nathie, porque es verdad,
es verdad que te quiero.
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