domingo, 2 de enero de 2011

No se por que, no se como, solo lo se. Es un momento en el que caes a la realidad de mil y un cosas todas en un mismo momento, te cae el veinte, se te deshace el teatrito, el mundo se te derrumba o simplemente la soledad se escapa.
Sera mi adolescencia tal vez o quizas nada mas el simple hecho del que uno busca aceptación en mas de un lado, en el que uno busca y busca algo que simplemente espera encontrar y en su mente lo genera pero no existe.
Mi razonamiento se ve nublado por este sentimiento extraño acompañado de adolescencia llamemosle estupidez tal vez, o mejor aún lo llamaremos "freaky animal".
Mis ojos algo irritados de tanto caminar entre el polvo, mis manos temblorosas deseosas de un cigarro y mis labios entre abiertos algo secos y algo mal usados... son pequeños sintomas de este estado de animo, ansias por doquier, movimientos intestinales continuos, mirada profunda y pensamientos absurdos.
Necesidad de compañia tal vez... no se por que, no se como... solo lo se... Se que estoy sola.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

sin título

Despierto, traído de no sé qué vacío, repentinamente arrancado de mi plácido retozo en lo que se podría llamar una infinita sopa extrafísica, donde las almas se entrecruzan en obscuras y viscosas interacciones, para de pronto hallarme en el universo conocido. La sensación de materialidad es inconfundible, he sido escogido para dar vida a algo.

Probablemente me encuentro en estado embriónico, mi alrededor es obscuro y compacto. Por lo que mi escasa consciencia me va diciendo mientras tanteo mi figura mentalmente, soy víctima de una gordura inmensa. Repaso en mi mente mis conocimientos de anatomía, tratando de descifrar en qué clase de criatura fui a parar, pero no logro acordarme de ningún feto que sea gordo. Un terrible temor me asalta: ¿Y si soy una deformidad? Algún fallo genético pudo haberme condenado a una existencia de penurias y burlas de parte de mis semejantes. O peor aún, que tal si he venido a ser un pollo modificado genéticamente, diseñado artificialmente para ser todo carne y esperar, sostenido en unas patéticas patuchas, la hora en que se me sacrifique...

Mis pensamientos se ven interrumpidos por una sacudida. Silencio. De pronto, siento un escalofrío que me recorre por arriba, algo se desliza por mi lomo, la luz del día penetra, cegándome. Una mano gigantesca acaba de quitar el pedazo de tela que me cubría y mi alrededor se esclarece: me encuentro en una canasta, rodeado de frutas. Me veo en el reflejo de una ventana cercana. Soy un jitomate. Soy un rojo, jugoso jitomate. He esperado entre los siglos de los siglos para venir convertido en esto. No puedo alcanzar a comprender qué clase de macabra broma es esta. Ya se rumoreaba que el todopoderoso comenzaba a mostrar síntomas de envejecimiento, demencia senil, que se reía de lo lindo payaseando con los ángeles, pero darle vida a un jitomate no es gracioso, es más bien grotesco.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Tristeza de una tristeza

Estoy triste. Estoy tan triste que quiero escribir cien veces la palabra triste, como él, el lector, el escritor, el cuentista cuya voz, que repetía la palabra triste monótona, inflexiblemente aún me taladra el cerebro.
Triste, triste. Su tristeza se desdibuja, se repite y se amplifica, repetida tantas veces que la palabra tristeza pierde su significado y se vuelve más triste que la tristeza misma. Triteza. Triste. La más triste de las tristezas. La más triste de todas las tristes tristezas tristes. Y mientras lee, la gente se impacienta alrededor de mí, pero yo no lo noto, estoy como hipnotizado por esa tristeza tan mía. Tristeza que se repite. Y se repite. Y se repite. Tristeza. Deja de sonar a triste, suena como traste, como una repetición de sílabas que me perforan, como una gota que no deja de caer, golpea mi triste cabeza. Mi triste cerebro, mi triste vida, mi triste existencia.
Y esque está triste. De entre todas las palabras, todas las metáforas, todas las canciones desesperadas, los buzos ciegos, las insoportables melancolías él, el que lee, está triste. Sólo eso, triste. Tan triste que sólo atina a repetir la palabra triste, absurda y vacía, triste, en el poema más triste que jamás oí.
Todavía escucho su voz, que no se cansa de estar triste en mi cabeza, que no se cansa de repetir una y otra vez mi propia tristeza.
Me penetra, esa voz, esa tristeza, me penetra.
Me penetra.
Me penetra.
Me penetra.
Me penetra.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Otra crónica de una crisis existencial

Derrepente, me fuí cayendo, tropezando en un mar de piedras que resbalaban bajo mis pies, rodando y chocando entre el polvo rojo, y finalmente quedé aquí, en lo obscuro.
Ahora soy un feto. Estoy desnudo, flotando en un caldo tibio. Abro los ojos grandes, con inocente curiosidad de feto, pero el mundo me responde con tinieblas.
Todo lo que alguna vez creí ver, todo lo que era tan sólido, todo el pasto, toda la luz, los pájaros y el mar los dejé atrás, arriba, lejos. Lo único que se ve sobre mí es una luz tan muerta que duele en los ojos.
Se me escapa una lágrima, chiquita, como extrañando la luz, pero pronto se seca en mi mejilla y muere. No es tristeza de lo que estoy hecho aqui abajo, es más bien soledad y asombro, desconcierto. Y miedo.
No es la primera vez que bajo a este mi sótano, cada vez este es un lugar distinto, porque yo nunca soy el mismo.
Me siento, y pienso.
No quiero levantarme, no aún, pues todavía no he encontrado lo que vine a buscar, eso que se me cayó y que venía siguiendo cuando tropezaba entre el polvo.
El viejo yo, eso se me cayó. Ya nunca lo voy a encontrar, no está, se ha ido, me he ido. Y ahora, ahora a hilar, con el pensamiento uno nuevo, a construirme otra vez. Ahora es turno de mi alegría levantar lo que la melancolía tiró, de nuevo, a volver a empezar.

domingo, 3 de octubre de 2010

Un poema para Nathalie

Podría...
podría escribir sobre tu belleza,
podría y no quiero.
Podría también,
decirte que eres dulce,
tierna, linda,
y otras palabras que me resbalan en los labios.
Podría, pero no voy a hacerlo.

Busco algo más sutil,
busco por toda explicación,
una escencia,
un olor, una imagen
un camino.
Como el sol reflejado en el agua,
una noche clara,
unos ojos oscuros y fugaces,
una caricia.

Busco una palabra
que se me atore en la garganta,
como un suspiro,
este dolor, este abismo,
estos ojos oscuros y fugaces.

Hoy no te voy a decir,
no te voy a decir,
Nathie te quiero.

Decir es poco. Nada.

Algo.
Mucho. Todo.

Y luego me quedo,
sentado pensativo.
Casi melancólico,

y digo,
digo, que la vida es un sueño.
Y qué si gritara,
si gritara que te quiero?
Y si lo susurrara?
Cómo te lo digo al oído?

Hoy no busco un poema con sentido ni forma.
¿Qué tal una nube?
Una flor, una luna, cien estrellas.
Cinco palabras, doce versos,
siete días, tres siglos,
un mundo,

este poema, no tiene sentido ni forma.

este poema, triste y herido,
te mira desde el suelo.

¿Y qué si gritara que te quiero?
Nathie, porque es verdad,
es verdad que te quiero.

miércoles, 17 de marzo de 2010

De mis pensamientos renacen un sin fin de imágenes tuyas. Jugueteas con lentitud por la liviandad de tu ser, tu cara aparece profundamente en mi remordimiento, y tu aroma de sol viviente me hace caer.
Caigo en un cubilete de blanco estupor, se levantaran las caricias de mis maquinas con un ruido ensordecedor. En eso, tu cara tan cerca de la mia, se ampliara y tus ojos cristalinos me diran
-Hazz ahh...!-
Tu cordial saludo es sin embargo una muestra de presencia roja.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Crónica de una crisis existencial.

Había regresado esa sensación de vacío, de algo que falta, como si su pecho se hubiera derrumbado dejando una triste polvareda de ladrillos y rayos de luz ciega en el atelarañado recito que está justo arriba del estómago.
No era la misma, las crisis existenciales nunca son iguales unas a otras, o eso creía. Sería triste que todos los vacíos fueran el mismo vacío, como si el mismo recipiente se vaciara, y se llenara de lo mismo para vaciarse a la menor sacudida.
Esta vez era un vacío un poco más completo, no solo venía de adentro, también se había caído el afuera, dejando a su sacudido yo momentáneamente desorientado y abatido bajo un cielo frío de estrellas severas.
Era el documental acerca de los niños koreanos, adheridos día y noche a las pantallas de sus videojuegos, miles de niños cuyas almas habían sido vendidas y compradas por las compañías de entretenimiento. Y Second Life: miles de adultos que escapaban de la realidad blanca y negra a un mundo virtual donde todo es posible. De ahí, siguiendo el hilito que su imaginación tendía, llegó al futuro ya colonizado por el escritor de Matrix.
También era el debate que había terminado con un camino de su personalidad, el descubrir que en realidad Ella no le gustaba, lo cual no gustó nada a su dominante parte romántica.
Y así, repentinamente, se le cayó el títere de la alegría, vacío el guante del titiritero.

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